Agresión al reportero de canal 40 fue concertada ¿qué hay detrás de ello?

No quitemos el dedo del renglón, no caigamos en la trampa de la distracción: basta de agresiones a mujeres, que se aclaren los hechos del 3 de agosto y se resuelva la acusación de violación de una menor que pesa sobre tres policías, de igual forma como se debe saber quiénes participaron en la agresión del reportero de ADN40 y cuál era su intención de fondo para realizarla.

El día de ayer, durante la marcha para exigir un alto a la violencia contra las mujeres y justicia a una menor que fue presuntamente violada por policías capitalinos, se registró en cámara la agresión a Juan Manuel Jiménez por un joven de playera a rayas y gorra azul; pero el video deja ver algo más, indicios de que la agresión pudo haber sido ordenada por alguien más.

En la grabación se observa que el reportero camina hacia la cámara describiendo los hechos de la manifestación, una joven de lentes y playera color mostaza lanza polvo al reportero quien se hace a un lado, la joven vuelve a hacer lo mismo al camarógrafo que se acerca a tomar su rostro mientras ella se ríe de la acción, al verse sorprendida por la cámara se esconde, cubre su rostro con un pañuelo morado que trae amarrado al cuello al tiempo que otras bloquean la toma colocando pancartas frente al lente.

Una manifestante lanza polvo al reportero durante la transmisión

La toma regresa al reportero al momento en que otras manifestantes le lanza aerosol que lo sorprende y se escucha una queja: “oye” dice al aire; se aleja unos pasos de los manifestantes y mientras describe lo que sigue sucediendo, el camarógrafo toma de nueva cuenta a las manifestantes, una de ellas busca bloquear la toma con un cartel mientras otra, con el rostro oculto y un pañuelo verde en el cuello, hace una seña y se lanza sobre el camarógrafo que retrocede tras la agresión.

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El camarógrafo vuelve a tomar la escena principal y capta el momento en que otra persona, está vez un hombre vestido todo de negro, está sobre el reportero en lo que parece un forcejeo para arrebatarle el micrófono, cuando el agresor se ve sorprendido en cámara de aleja no sin antes soltar un golpe que no impacta en su destino, mientras el reportero dice: “calmado, calmado, es una manifestación pacífica y así se tienen que comportar las personas que asisten”.

La primera agresión física que recibe el reportero de uno de los manifestantes

El reportero sigue explicando que las personas participantes están enojadas y en el giro que hace la cámara se observa por primera vez al joven, delgado, de cabello corto (en escenas posteriores se observa que va a rape), viste un pantalón de mezclilla, playera blanca con decorados en gris y una gorra azul; con los brazos sueltos pero en absoluto control, no está enardecido ni se manifiesta solo observa sin actuar.

Posteriormente se ve a un hombre mayor de edad, moreno, de cabello blanco y vientre abultado; viste pantalón negro, camisa blanca que sale por debajo de una chaqueta negra. El joven de la gorra azul se acerca al hombre y parece decirle algo, a lo que el hombre de negro responde negando con la cabeza; ambos salen de cuadro mientras avanzan platicando.

El agresor platica con el hombre de negro previo a ejecutar el ataque

La cámara hace un abrupto giro a la izquierda debido a que otra manifestante lanza polvo gris hacia donde está el reportero, entonces, en segundo plano, vuelven a quedar a cuadro el joven de la gorra azul y el hombre de negro, entonces se observa que se van a separar pero este último toca el brazo del joven para llamar su atención y señala al reportero al tiempo que algo dice en tanto que asiente con la cabeza.

El hombre de negro (a la derecha de la imagen) señala al reportero previo a la agresión

El camarógrafo vuelve a girar a la derecha para tomar a cuadro a su compañero, capta el momento en que una mujer de lentes y cabello rubio, con una niña en la mano, se acerca al micrófono a gritar con un ligero pero perceptible acento extranjero: “yo sí te creo, yo sí te creo” al tiempo que otras mujeres gritan a la distancia consignas y señalan al reportero.

Una mujer grita al micrófono: “Yo sí te creo”

Entra a la escena el joven de la gorra azul, el mismo que momentos antes había estado hablando con el hombre de negro, camina acomodándose algo en la mano derecha al tiempo que se coloca a la derecha por detrás del reportero; entonces toma vuelo, gira y lanza el golpe con el puño cerrado al rostro del reportero que cae noqueado por el ataque mientras el agresor se encoge de hombros y agacha la cabeza para ocultar su identidad de la cámara que acaba de captarlo todo.

El agresor se coloca algo en la mano antes de golpear al reportero

La imagen sigue al agresor que, siempre en control, intenta perderse entre la multitud, la cámara vuelve a tomar la imagen del reportero tirado en el piso pero el camarógrafo decide seguir al agresor por lo que se observa una persecución, la imagen se pasma por la pérdida de señal pero se escuchan voces de mujeres diciendo:”fue él, fue él”, la imagen vuelve a mostrar lo que está ocurriendo.

El joven está rodeado por mujeres manifestantes que lo señalan, lo empujan hasta acorralarlo contra una camioneta estacionada, le quitan la gorra, lo golpean y empujan mientras él intenta huir, una joven envuelta en una tela azul intenta sujetarlo para que no escape pero el agresor logra escabullirse entre dos autobuses y corre al costado de uno para salir por detrás para volver a cubrirse con los propios manifestantes.

La estrategia le funciona, el camarógrafo intenta seguirlo pero el nuevo grupo de manifestantes, ajenos a los hechos anteriores, bloquea al camarógrafo; de nueva cuenta la imagen se congela de nuevo y se escuchan reclamos y golpes, la imagen vuelve con un encuadre descompuesto, lo que supone que el camarógrafo también fue agredido, el joven de blanco con gris, ya sin la gorra, logró evadirse entre los manifestantes.

En el video subido a Twitter por ADN40 se observa la secuencia completa de los hechos

Evidentemente se trató de una acción concertada, al menos entre dos individuos presentes en la manifestación: el hombre de cabello blanco y el joven agresor quien, además, se nota que tiene experiencia moviéndose dentro de este tipo de protestas y sabe cómo escabullirse entre ellos.

La búsqueda del agresor en redes sociales comenzó en el instante mismo que se difundió la agresión y ya apunta a un nombre: Carlos Daniel Penagos García, aunque oficialmente no hay conformación de que esta identidad sea realmente la del joven que golpea al reportero de ADN40; del que aún no se sabe nada es del hombre que aparentemente da la instrucción de llevar a cabo la agresión, el hombre de negro y cabello canoso.

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Esto cambia toda la situación. La agresión a la prensa generaría que, como está ocurriendo, la atención de la opinión pública se centrara en este hecho y no en el objeto final de la marcha que es la visibilización de las agresiones a mujeres en nuestro país y en particular la presunta violación de una menor por parte de seis policías de la delegación Azcapotzalco ocurrida el 3 de agosto pasado y que está repleta de irregularidades en su investigación.

Claro que hay que mantener la exigencia de aclarar estos hechos, ¿quiénes son los agresores? ¿Cuál es su relación entre sí? ¿Por qué agredir a un reportero durante la marcha contra la violencia a las mujeres? ¿Actuaron solos, están coludidos o fueron enviados por alguien más? ¿Con qué fin?

Pero para que la trampa no tenga efecto también debemos mantener la atención en el hecho que dio pie a que esto ocurriera: es indispensable que el Estado mexicano, entonos sus niveles, actué en contra de las agresiones, ataques, violaciones y desapariciones de mujeres en todo el país; ya basta de ser condescendientes con gobiernos inoperantes que no son capaces de dar solución a este tema.

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Los grupos de la sociedad civil ya están organizadas para manifestarse y exigir a las autoridades que se actúe en contra de estos delincuentes y criminales pero no falta mucho para que de esas organizaciones surjan personas que quieran pasar de la exigencia a la acción y conformen nuevas agrupaciones de autodefensa que busquen hacer justicia en propia mano como consecuencia lógica y natural de la falta de acciones y hasta posible tolerancia por parte de quien tiene la obligación de frenar estos hechos.

Basta de agresiones a mujeres, basta de utilizar las agresiones a la prensa para distraer de los problemas fundamentales del país, basta de caer en engaños: es indispensable una investigación completa, creíble y confiable para determinar los hechos del 3 de agosto en Azcapotzalco (incluso determinar si la familia de la víctima vive o no amenazada, porque esa es, tristemente, una muy viable posibilidad), lo mismo que para identificar a los agresores de Juan Manuel Jiménez y cuáles eran sus intenciones para ejecutar estos ataques. Si las autoridades no pueden, que renuncien, es la exigencia ciudadana desde hace muchos años, la misma que ha sido ignorada hasta ahora.

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