Migrantes son usados como moneda de cambio para postular a López Obrador al Premio Nobel de la Paz

Republicanos y demócratas estaban unidos contra la imposición de aranceles a México pero, aún así, el gobierno acordó aplicar medidas para frenar a los migrantes centroamericanos en nuestro país; todo es parte de la persecución de Andrés Manuel Lopez Obrador de la nominación al Premio Nobel de la Paz

La Doctrina Estrada es una antigua práctica diplomática mexicana que antepone la libre autodeterminación de los pueblos para justificar la no injerencia en los asuntos internos de otros países como eje rector de las relaciones internacionales de México con el mundo; fue invocada por el presidente Andrés Manuel López Obrador para negarse a reconocer a Juan Guaidó como “presidente encargado” de Venezuela y continuar reconociendo a Nicolás Maduro como “presidente legítimo” pero ahora, muy a modo, se ignora cuando se trata de intervenir en los asuntos de los países de Centroamérica.

Todo viene a colación tras la negociación de un acuerdo entre México y Estados Unidos luego de que el presidente Donald Trump amenazara con imponer tarifas arancelarias a productos mexicanos si nuestro país no hacía algo para frenar el flujo migratorio proveniente de Centroamérica, algo a lo que el gobierno mexicano aceptó gustoso pese a que todo apuntaba a que los aranceles no pasarían, es decir, eran un fantasma que usó Donald Trump para asustarnos.

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Desde el mismo miércoles 5 de junio, cuando el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, y su equipo cacahuatero comenzaron las negociaciones con los representantes de Donald Trump; los senadores republicanos (el mismo partido del presidente estadounidense) declararon abiertamente que se oponían a la imposición de aranceles por ser perjudicial para su propio país e incluso lo consideraron como dispararse a sí mismos en la cabeza. El posicionamiento era el mismo en el bando demócrata.

Los empresarios estadounidenses también estaban en contra de Trump en este intento de imponer aranceles a productos mexicanos porque la consideraban “una política terrible” que afectaría a todos los comerciantes que tuvieran relaciones de negocios en nuestro país, simplemente un sinsentido para la economía estadounidense.

La delegación mexicana peleó e insistió en incluir una cláusula de desarrollo económico en Centroamérica, el propio presidente Andrés Manuel López Obrador habría estado al pendiente de los términos de la negociación

México no solo accedió con relativa facilidad a las demandas de Trump, desde el segundo día de negociaciones ya se sabía que se había aceptado enviar 6 mil elementos de la recién creada Guardia Nacional a vigilar la frontera sur, también cedió en ampliar el programa “Quédate en México” que hace que nuestro país sea una especie de “tercer país seguro” (aunque no se cumplan todas las condiciones para ello) y en aceptar la imposición de un plazo de 90 días para cumplir.

En contraparte la delegación mexicana peleó e insistió en incluir una cláusula de desarrollo económico en Centroamérica, el propio presidente Andrés Manuel López Obrador habría estado al pendiente de los términos de la negociación como lo hace notar una de las corresponsales con mayor experiencia en este tipo de coberturas, Dolia Estevez, en la reconstrucción que realiza de la negociación a partir de las versiones de quienes estuvieron presentes.

En dicha crónica, Dolia Estevez menciona que, extraño a este tipo de reuniones, la delegación mexicana aceptó que no hubiera iPads o celulares en la sala de negociación por lo que “Ebrard estuvo en consulta permanente con López Obrado a pesar de que le quitaron el celular” más aún, pese a que el secretario era quien encabezaba al equipo mexicano, estuvo fuera en varias ocasiones porque la medida “forzó a Ebrard a tener que salir cada vez que tenía que llamar a AMLO”.

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Extraña entonces que el gobierno mexicano no le esté dando demasiado peso en la difusión informativa a lo que sí logró en la negociación y que es esta cláusula “para el desarrollo económico de la región” la cual obliga a México a involucrar a otras naciones como Guatemala, Panamá y Brasil para atender el tema migratorio, como reveló el propio secretario Ebrard el pasado lunes en Palacio Nacional.

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En el anuncio, Ebrard Casaubón detalló que entre lo más importante de los acuerdos alcanzados con EU es el respaldo y la firma de esta nación para impulsar el Plan de Desarrollo para México y Centroamérica, pues acuerda liderar junto con México el desarrollo de esta región para hacer frente al fenómeno migratorio.

¿Qué no la política exterior de México estaría basada en la Doctrina Estrada que llama a la no intervención los asuntos internos de otros países? ¿Por qué, entonces, se buscó incluir una cláusula que obliga a México a intervenir en los asuntos internos de los países centroamericanos (lo que está generando el aumenten el fenómeno migratorio)?

Al hacer estas preguntas a personas cercanas al gobierno federal, la única razón lógica que ellos dijeron encontrar es lo que identifican como “la reactivación del plan para que AMLO sea nominado al Premio Nobel de la Paz” que se había dejado en pausa tras la filtración de la lamentablemente celebre carta enviada al rey de España donde le exige pedir disculpas al pueblo de México por las afrentas de la conquista y colonia.

¿Qué no la política exterior de México en esta administración estaría basada en la Doctrina Estrada que llama a la no intervención los asuntos internos de otros países?

El plan inicial involucraba a los contactos venezolanos del gobierno federal (así lo revela Alfredo González en su columna del 29 de abril), serían ellos quienes hicieran la solicitud justificando en aquella decisión de “no intervención” al decidirse a no reconocer a Juan Guaidó como presidente; el acuerdo habría radicado en que a cambio de este posicionamiento (que representa un virtual apoyo a Nicolás Maduro) el gobierno venezolano haría la nominación del presidente mexicano.

En un segundo paso, la carta al rey Felipe VI, se presentaría como prueba de que López Obrador busca generar un ambiente concordia y pacificación para dar por zanjadas las afrentas relacionadas con la invasión española, así lo revelaron los representantes del gobierno mexicano en un comentario informal a representantes del gobierno español; la jugada resultó al revés pues le dio una imagen de buscabulla que generó un conflicto donde no lo había.

El tema migratorio se convirtió entonces en prioridad para quienes están buscando llevar a buen puerto la nominación de AMLO al Nobel de la Paz, por ello es que se permitió el paso de la primera caravana migrante y se ofrecieron becas y trabajo a quienes quedaron varados en el país; el único trasfondo es ese.

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Claro que para poder ejecutar todo esto se necesita dinero y es ahí donde se cierra el círculo. El presidente López Obrador dijo que los recursos para el plan migratorio saldrían del plan de austeridad, el combate a la corrupción y la venta del avión presidencial (que por cierto nadie quiere comprar), es decir, se pagará de lo que “ha ahorrado” en medicamentos, reducción de sueldos a doctores, despidos de trabajadores del gobierno, reducción de becas a deportistas de élite y, si algún día se vende, lo que caiga del avión presidencial, lo que significa que la carga económica de todo esto recaerá directamente en el pueblo de México.

Ahora hay lógica en los términos de la negociación con Estados Unidos: México buscaba (y lo consiguió) dejar asentada, en el acuerdo, la obligatoriedad de intervenir en Centroamérica para “resolver” el problema de la migración; a largo plazo, ese será el argumento de la nominación: “haber resuelto de fondo el problema que daba pie al desplazamiento de comunidades enteras” aunque para ello haya que continuar con los recortes presupuestales en nuestro país.

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De igual forma, al ser parte del acuerdo, obliga a los senadores a aceptar que se hagan los ajustes necesarios en la legislación mexicana y que se apruebe la intervención en los países centroamericanos para combatir el flujo migratorio bajo la amenaza del fantasma de los aranceles futuros pero con el único objetivo de que AMLO sea algún día Nobel de la Paz… cueste(nos) lo que (nos) cueste.

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