El acoso, el suicidio y la “siempre inocente” sociedad

El suicidio de Armando Vega Gil como respuesta a las acusaciones de acoso obligan a una profunda reflexión sobre el papel de la sociedad ante el fenómeno “Me Too”

Hoy nos despertamos con la terrible noticia del suicidio del músico y escritor Armando Vega Gil, quien alcanzara la fama por ser el bajista del grupo de rock “Botellita de Jerez”; su muerte se relaciona, según una carta publicada en su propia cuenta de Twitter, con acusaciones anónimas en su contra por parte de una mujer respecto a un presunto (en tanto no se presente denuncia penal y se obtenga sentencia definitiva se debe hablar siempre de una presunción) abuso cuando la víctima habría tenido 13 años (no precisa año o fecha exacta).

Último tuit de Armando Vega Gil advirtiendo sus intenciones de suicidio

Las reacciones al tema han sido muy diversas, y van desde el extremo en el que, sin ningún recato, hay quienes se burlan y ufanan de esta muerte; hasta el otro punto en donde aparecen reclamos que revictimizan a quienes están intentando romper con el miedo y exponer lo que en algún momento les ocurrió y sienten que en cualquier otro podría ocurrirle a alguien más.

El tema obliga a la reflexión, sin duda alguna, pero hay que considerar hacerlo sin cargarse hacia ninguno de los dos extremos, al menos, por dos razones principales: la muerte de una persona, por lo que sea, no es motivo para celebrar nada; y debemos evitar el volver a herir a quienes ya fueron víctimas de una agresión.

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Empecemos por revisar lo ocurrido: en el auge y fervor por denunciar presuntos abusos e incluso violaciones comenzaron a surgir denuncias a diestra y siniestra en distintos ámbitos y niveles de nuestro país: #MeTooMusicosMexicanos, #MeTooAcademicosMexicanos, #MeTooPeriodistasMexicanos e incluso #MeTooPoliticosMexicanos; además de versiones estatales o locales donde las acusaciones corrieron como reguero de pólvora.

En este contexto, se volvió común empezar a leer nombres que acompañaban historias, literalmente, de terror sobre cómo los acusados habían realizado el acoso, agresión o incluso violación de víctimas que encontraban en estos espacios un lugar de catarsis para todas esas emociones y sentimientos que han llevado dentro desde que tuvieron dicha experiencia.

Claro que se cuestionó el que muchas, la gran mayoría, de estas denuncias se realizaran de manera anónima e incluso se les ha tachado de irresponsables por lo detallado de algunas acusaciones; comenzó entonces una breve discusión respecto a la responsabilidad de la denunciante y la casi exigencia de que se presentara una querella de manera formal ante las autoridades.

Haciendo un alto aquí: suena sencillo decir “anda y pon tu denuncia” pero lo cierto es que ser víctima de un hecho así no debe ser sencillo, el solo pensar que al hacerlo será exhibido o que vivimos en un entorno donde todavía se minimiza este tipo de declaraciones que llevarán a las víctimas a enfrentar prejuicios y señalamientos no debe ser sencillo ni deseable para nadie.

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En ese contexto ayer apareció un mensaje del bajista de “Botellita de Jerez” que en su cuenta de Twitter publicó no solo un aviso de que buscaría suicidarse, sino además una extensa explicación en la que menciona las acusaciones realizadas en el marco del #MeTooMusicosMexicanos y que evidentemente, aseguraba eran falsas, sin fundamento ni prueba.

Esta mañana, se confirmó la noticia de la muerte del músico y escritor y con ello, se desató una andanada de críticas en contra de los movimientos “Me Too” respecto a la irresponsabilidad de las denuncias y acusaciones y cómo una de estas había costado la vida de una persona.

La muerte de Armando Vega Gil es lamentable y dolorosa para sus seres queridos y cercanos pero no es resultado de una “denuncia anónima” sino de una “sentencia social”; de algo que pasa de manera muy común y que consiste en que basta con presentar la acusación para que la gente piense inmediatamente que la persona señalada es, solo por ser señalado, culpable.

Sí, es posible que algunas o muchas de las denuncias hechas en el marco del “Me Too” sean infundadas, falsas o incluso la malinterpretación de un hecho; pero quien ha decidido tomarlas como hechos probados en los que el acusado se vuelve inmediatamente culpable es la sociedad que sin evidencia juzga en vez de investigar.

Las acusaciones de las víctimas de presuntos acosos y ataques de tipo sexual, son solo eso y así debimos tomarlas: llamadas de atención para poner mayor cuidado en en estos temas. No hay denuncias porque legalmente no es sencillo demostrar con elementos de prueba un acoso. Las víctimas han encontrado en el advertir a la persona que presuntamente las atacó, una forma de liberarse y no necesariamente para enjuiciar, en todo caso, para que se tomen precauciones si es que se llega a tener contacto con el presunto agresor.

Decir que la muerte de Vega Gil es por estas denunciantes anónimas es volver a victimizar a las víctimas. La decisión del suicidio es personal, la inacción ante la amenaza de que algo así pudiera ocurrir es social. Sí, como sociedad somos corresponsables de enjuiciar a los acusados y dictar sentencia sin más elementos de prueba que nuestros prejuicios y creencias.

La acusación de algo es solo eso, una acusación ¿hay que tomarla en cuenta aunque la denuncia sea anónima? Por supuesto que sí, pero no para considerar que lo que se acusa ocurrió, sino para investigarlo, para saber primero si en realidad ocurrió (o hubo posibilidad de que ocurriera) y segundo si, en dado caso de que ocurriera o hubiera posibilidad, las cosas pasaron como se dice. En resumen: no debe ser un asunto de acusación = sentencia sino de acusación = investigación.

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Hoy una persona decidió quitarse la vida no por la acusación sino por la sentencia social que sintió que se hizo de él ante una denuncia que ni siquiera podremos saber, ahora, si tenía algún elemento de realidad o no.

Cuestión aparte y muy censurable lo hecho por quienes llevaban la administración de la cuenta @metoomusicamx quienes ante una advertencia de suicidio, en lugar de tratar de evitarlo, parecen haberlo incitado con mensajes que descalificaban el anuncio y terminando con la absoluta irresponsabilidad del intento de desaparición de la evidencia (porque existen las fotos de pantalla de lo que escribieron aun cuando hayan eliminado la cuenta y sus tuits).

Eliminaron la cuenta tras el suicidio de Armando Vega Gil

habrá que esperar si en los términos de nuestras leyes es posible que quien haya administrado la cuenta pueda ser señalada por algún delito como sí ha ocurrido en otros casos en donde las personas que incitan al suicidio son enjuiciadas y sentenciadas como corresponsables de la muerte.

Por supuesto que este lamentable hecho debe dar pie a una investigación más amplia y a reflexiones y análisis más profundos; no solo sobre las razones de una denuncia anónima y la fuerza o validez que puede tener sino también al papel de la sociedad para darlos por hechos probados y sentenciar a los señalados en ellas.

Es cierto que legalmente, en muchos casos, no es posible demostrar un presunto acoso incluso cuando este recién ocurriera, menos aún cuando ha pasado tiempo de ello; en eso se esconden los cobardes acosadores quienes, cuando están en una situación de poder, se escudan además en su estatus para amenazar y amedrentar a las víctimas con tal de que no los delaten o como “elemento de prueba” de que serían incapaces hacer “algo así”.

Los movimientos #MeToo deben seguir por las víctimas y para que los presuntos acosadores sepan que las historias seguirán apareciendo, debemos creer a las víctimas pero no como si sus denuncias fueran hechos incuestionables sino como lo que son: acusaciones que tienen que ser investigadas hasta su verificación o desmentido, en cuyo caso la exoneración también debe ser pública.

Por donde se le vea la muerte de Armando Vega Gil es en extremo lamentable: si era inocente, por el simple hecho de la presión que se ejerció al grado de llevarlo a tomar esa decisión; si era culpable porque al menos ese caso ha quedado en la impunidad y con una persona que se vuelve víctima por segunda ocasión pero, en definitiva, solo será en vano si no hacemos una profunda reflexión como sociedad sobre lo que está pasando y lo que debemos hacer con todo esto. Es por ellas, es por él y es por todos.

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