Yo tampoco vi el informe

Desconozco si haya una cifra exacta de quienes vieron el 5º Informe de Gobierno de Enrique Peña Nieto y quienes no lo vimos pero podría apostar a que fuimos una aplastante mayoría quienes no lo hicimos o decidimos no hacerlo, en lo personal estaba yo en una fiesta infantil a esa hora y no parecía que hubiera algún otro invitado preocupado por lo que estaba diciendo el Presidente.

Sé que para alguien que hace periodismo reconocer que no vio el informe presidencial es casi como un insulto pero lo cierto es que ya a muy poca gente nos interesa escuchar al Presidente hablar de los logros de su administración durante este año, y no es que no sea importante, sino que ya no nos interesa.

Esa pequeña pero importante distinción entre importante e interesante es la que obliga a una reflexión ¿por qué ya no nos interesa escuchar al Presidente de la República mientras nos informa los logros de su administración? ¿Qué pasó para que aquella obligación civil que conllevaba la suspensión de toda actividad para escuchar al primer mandatario en su reporte ya no tenga ningún valor en la gente?

En muchos casos no solo no fue importante escucharlo, ni siquiera se tuvo conocimiento de que este fin de semana se presentó el 5º Informe de Gobierno e, incluso, varios se irán enterando este día al comenzar sus actividades cotidianas o quizás más tarde cuando tengan que buscar referencias en Google que les permitan entender los memes que “chairos” y “peñabots” realizaron tan afanosamente.

Quizás tenga que ver con esa absurda prohibición aprobada hace algunos ayeres por los diputados para evitar que estos momentos se utilizaran como promoción personal de los personajes en el poder; un daño colateral a la incipiente democracia mexicana que afecta a la intención de la gente de estar enterados sobre lo qué pasa en el país.

Tal vez se trate de una falsa percepción de información, es decir: si ya todo el año estuvimos escuchando, leyendo y viendo noticias sobre cómo está el país ¿para qué queremos un resumen anual? La ficticia cercanía con la realidad a través del minúsculo fragmento que las redes nos permiten termina por hacernos creer que sabemos lo que debemos saber aunque no sea así.

Es probable que la entretenida entrevista que realizó Cultura Colectiva al Presidente y lanzada a las redes después del informe haya tenido más visualizaciones que el propio mensaje presidencial a los ciudadanos de nuestro país e incluso mucho más que cualquier otra entrevista en redes.

Si la estrategia era ocultar el mensaje del Presidente, hay que reconocerlo: lo lograron; por el contrario si la idea era resaltar su imagen y figura, bueno, una mancha más al leopardo de Comunicación Social de Presidencia. En cualquier caso se debe decir que la campaña de redes, otra vez, parece ir por su lado y la de medios masivos por el suyo, no armonizan más allá de los mensajes preparados para el informe, no se ve unidad en su manejo.

A nivel social ni informe ni interés, podría parecer que a un año del proceso electoral presidencial la gente no tiene el mínimo atisbo de involucramiento en los temas de política nacional y mucho menos ganas de participar en ella, un asunto que no debe ser menor si, además, tomamos en cuenta que el empecinamiento del INE por imponer sus criterios de “cancha pareja” le generó una derrota en tribunales que le resta confianza al instituto.

El desinterés ciudadano en los temas torales de nuestra democracia debe ser una llamada de atención para partidos y actores, el fastidio social hacia estos tema ha llegado a tal punto que la decepción ciudadana está generando que la sociedad pierda el interés en participar y asumir su rol principal en el escenario de la política nacional.

Ahora viene el 6º informe de gobierno de Eruviel Ávila en el Estado de México, y la campaña promocional parece más una “gira del adiós” que un mensaje a la gente sobre lo que esta administración hizo durante su último año. Podemos esperar, entonces, lo de los eventos anteriores: presión a los empleados de gobierno para ver obligatoriamente el informe, el formato de un programa estilo Chabelo, que parece haber enamorado al mandatario y un último intento de colarse a la carrera presidencial, en la cual sus posibilidades son nulas.

Esquemas y mecanismos que solo consiguen mantener alejada a la población de los temas que les afectan directamente con el único objetivo aparente de mantener el control del negocio de la política, ya ni siquiera, del poder.

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