La última y nos vamos

La declaración del día ayer pareció tomar a todos por sorpresa, parecía que nadie esperaba escuchar de la boca de Andrés Manuel López Obrador las palabras “no seré candidato eternamente“; el anunció opaca, incluso, el llamado a postergar la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y sus correspondientes descalificaciones a la administración peñista.

El anuncio puede ser tomado de muchas formas y una de ellas es, específicamente, con fines electorales: nadie va a apoyar a alguien que, sabemos, se va a volver a postular en seis años aunque lleve más de 10 en campaña. López Obrador está apostando a que la gente lo vea como su última esperanza antes de irse, como él ha mencionado “al despeñadero”.

El anuncio de Metepec debió encender los focos rojos del morenismo en todo el país: El partido es y se sostiene por los designios de López Obrador, nadie se mueve, nadie respira, nadie se revela ante los designios del dueño de la casa y si alguien se equivoca solo tiene un destino: el exilio.

El anuncio también puede ser contraproducente porque si bien, previo a lo dicho ayer en Metepec, todos estaban enfocados en el mismo objetivo: obtener la Presidencia de la República para su líder, hoy algunos habrán amanecido con la duda en la cabeza de ¿qué  va a pasar con el partido? ¿Quién será el siguiente hombre fuerte? ¿Heredará AMLO a alguno en particular o los dejará batirse en el campo de lo público hasta que haya un solo ganador?

Claro que habrá llamados al orden y a enfocarse en el objetivo primario pero ¿quién puede hacerlo si ve ante sí la posibilidad de hacerse su propio futuro, lejos ya de las directivas del cacique de Macuspana que, hasta ahora, ha forjado un grupo aparentemente sólido pero que hoy, más que nunca, tiene razones y motivos para segmentarse.

No podemos dejar de lado que muchos, la gran mayoría de quienes integran Morena fueron algún día miembros del PRD, un partido acostumbrado y prácticamente construido con base en la pelea de grupos, las tribus no cambiaron de sistema, solo cambiaron de color y eso puede repercutir en el ánimo electoral.

Morena no es un partido unido, la unidad existe en torno a su hombre fuerte, pero en estricto sentido los que siempre le han acompañado ven con recelo a los recién llegados y más aún, cundo provienen de otras fuerzas como el mismísimo odiado PRI, del que han recibido algunos elementos de no tan preclara calidad.

Andrés Manuel lleva mucho tiempo en campaña y eso le va a generar un desgaste natural al momento de llegar a las elecciones, si a eso se le suma una fragmentación en el partido así como la presencia de las campañas (hasta ahora inexistentes) de los contendientes, podemos avizorar una contienda electoral de 2018 muy cerrada en donde cualquier podría ganar.

Sí, es cierto, las encuestas de estas fechas señalan que AMLO lleva una amplia ventaja sobre sus contendientes pero también es cierto que él lleva más de seis años en campaña y cualquiera de los demás aún no ha comenzado.

El anuncio de “la última y nos vamos” hecho en la reunión con los diputados federales en Metepec puede ser el primero error de la campaña de AMLO que, si en algo se ha caracterizado elección tras elección, es que a la hora buena concatena errores de tal forma que en conjunto terminan cobrándole con la derrota.

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