Zepeda, ahora por la Presidencia

La sorpresa (y no) sobre el anuncio de Juan Zepeda para contender por la candidatura del PRD a la Presidencia de la República en 2018 llega apenas a tiempo para, al igual que en el Estado de México, presentarse como una opción real y seria en un proceso en el que el enemigo a vencer les lleva mucho camino andado a todos los aspirantes.

No es extraño que el exalcalde de Nezahualcóyotl sea contemplado como una opción real dentro de su partido; a nivel nacional. Fiel a su tradición, el partido del sol azteca ha tenido muchos problemas para conjuntarse en las cercanías de un proceso presidencial, Alejandro Mancera se perfilaba como la única carta viable a pesar del desgaste que ha sufrido en la jefatura de gobierno.

Zepeda llega fresco, de un proceso en el que, de haber tenido un poco más de tiempo, podría haber puesto en apuros no solo a la poderosa maquinaria electoral priista sino también a la recién probada “feligresía” morenista cuyos seguidores encontraron en él mucho de lo que estaban buscando en la candidata de Morena y que no vieron jamás.

Ya lo decíamos en su momento, el gran ganador de la contienda fue Juan Zepeda: logró que el PRD quedara en tercer lugar mandando al panismo (que arrancaba como uno de los favoritos para ganar) hasta un cuarto sitio en las preferencias; se construyó una buena imagen entre el electorado joven, sobre todo entre el de clase media de las zonas urbanas; pero principalmente; demostró que puede tener el carisma que hace falta para unificar a las tribus.

Ahí es donde el perredista deberá demostrar que está listo para grandes vuelos, tiene frente a sí el reto más importante, uno que ni el propio Cuauhtémoc Cárdenas logró resolver: sentar a todos los líderes de las tribus perredistas para sumarse a su causa y fortalecer a un partido que ha hecho de la constante división y revanchismo su modus vivendi.

Por lo pronto, todo indica que el de Nezahualcóyotl ha logrado hacer buena amistad con la presidenta nacional de su partido, Alejandra Barrales se mostró muy contenta con lo logrado por Juan Zepeda y pareciera que no vería con malos ojos promover, al menos la posibilidad, de considerarlo.

Otra situación que juega a su favor es el tema de las posibles alianzas; es cierto que la elección del Estado de México cambió un poco el panorama para 2018; que Andrés Manuel salió herido de la contienda y que su imagen resultó muy desgastada (por eso lo tienen bajo resguardo), lo que le ha dado nuevos bríos a panistas y priistas en su idea de que no sería forzoso ir en alianzas para vencer al de Macuspana, pero si algo ha demostrado López Obrador es su capacidad de regenerarse y recuperarse.

A Zepeda le conviene, paradójicamente, que priistas, panistas y perredistas vean a AMLO como antes del proceso mexiquense en el que lo sentían como un tipo cuyo crecimiento solo podría ser frenado por un frente amplio encabezado por un único candidato, esquema que, hoy por hoy, parece no ser tan necesario como hace seis meses.

A favor del de Nezahualcóyotl juega el no tener compromisos con ningún grupo o sector de ningún partido (o al menos ninguno que sea evidente), además tiene buena relación con empresarios y con líderes sociales, lo que lo ubica como una carta interesante en el caso de necesitarse una gran alianza.

En contra le juega su extrema localía, Zepeda no ha jugado en las ligas mayores y no se ha sentado en las mesas donde los codazos y las patadas por debajo son el pan de cada día por lo que podría ser visto como demasiado aún pequeño para esos menesteres; además pesa sobre él la acusación del Mesías de Macuspana respecto a que jugó con el priismo para quitarle votos a Delfina y ayudar a ganar a Del Mazo, una acusación no probada pero que le ganó algunas malas caras en la izquierda.

Lo cierto es que lo logrado con la candidatura en el Estado de México le alcanzará para, al menos, ser considerado y conocido por el perredismo nacional y será suficiente para consolidar un plan y estrategia a seis años en donde, de mantenerse en ese nivel y con las alianzas internas bien puestas (cosa  que no será sencilla), podría tener mejores expectativas.

¿Juan Zepeda tiene posibilidades para alcanzar la candidatura del PRD para 2018? Sí, las tiene; ¿Cuenta con las características para lograr alianzas al exterior y al interior de su partido para enfrentar a AMLO? Aparentemente sí; ¿Le faltan operadores de nivel para poder amarrar todo lo que necesita para conjugar los elementos necesarios que lo lleven a ser candidato a Presidente? Definitivamente, ese es su principal talón de Aquiles.

Falta mucho camino para la elecicón del sucesor de Peña Nieto, pero el que Juan Zepeda esté ya intentando montarse en el caballo del perredismo podría ser benéfico para el sol azteca quien ahora podría contar con una carta propia para el momento de la decisión definitiva. “A río revuelto, ganancia de pescadores” dice el refrán, pero este pescador deberá ser muy hábil para alcanzar su objetivo; no es imposible pero no le será sencillo.

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