Madruguete o respeto en Paseo Tollocan

Me queda perfectamente claro que el llamado “ecocidio” que se pretende llevar a cabo en Paseo Tollocan ha dejado de ser un movimiento netamente ciudadano para convertirse en una bandera partidista con miras a la elección de 2018, las fotos en las redes sociales de varios que buscarán un cargo público en las urnas así lo indica.

Era de esperarse que el oportunismo político hiciera acto de presencia en una circunstancia de este tipo, lo que pareció iniciar como un verdadero movimiento motivado por el legítimo interés de la gente para proteger una zona arbolada (que no necesariamente por eso sea “un pulmón del ciudad”) es ya una bandera que solo parece buscar manchar (más) el cierre de administración de Eruviel Ávila.

El movimiento ha perdido fuerza pero se mantiene, en algunas escuelas de la capital mexiquense (secundarias y preparatorias públicas y privadas) los maestros mercaron calificación por asistencia a la manifestación, pidieron evidencias a los alumnos para darles décimos o puntos, ningún alumno con esa oportunidad la dejaría pasar.

La manifestación cubrió su etapa de ser el evento social del momento en Toluca, las redes sociales se llenaron de imágenes de amigos abrazados mostrando que estaban ahí, en el “evento in” de la ciudad, aunque después de eso la gran mayoría hayan regresado a sus casas pensando que ojalá no derriben esos árboles y si sí, pues ni modo, ya llevan su foto en el carrete.

Tampoco se puede negar que en ese campamento improvisado frente a Galerías Toluca (en el que por cierto hay más carros que casas de campaña) también puedan existir personas honestamente preocupadas y ocupadas en preservar esos cien árboles pero realmente parecen ser las mínimas en todo este circo en que se ha convertido el tema.

Las preguntas, aún sin responder, se acumulan sobre la mesa: ¿cuál es verdadero interés que obliga al gobernador a no cancelar definitivamente la obra? ¿Cómo y bajo qué criterios se autorizó el cambio de uso de suelo de una zona industrial a una zona comercial? ¿Bajo qué criterios Semarnat dio autorización al derribo de esos árboles? Si no se está haciendo nada malo ¿por qué ocultar el proyecto original bajo el título de “retornos para agilizar la vialidad” cuando la solicitud ante la Semarnat es muy clara: túneles de acceso y salida de la plaza?

La falta de habilidad en el manejo político, mediático y social de la situación ha hecho que el gobierno estatal quedara entrampado en este asunto; por alguna razón, aún no expresada, el mandatario se niega a anunciar la cancelación definitiva, como si él mismo tuviera un interés primario en que la obra se lleve a cabo bajo cualquier circunstancia.

La desconfianza y duda social sobre las promesas gubernamentales es completamente razonable y justificada: aún estamos esperando ver con nuestros propios ojos dónde fueron sembrados los cientos de miles de árboles prometidos en la tala generalizada para la construcción de la “autopistita” de La Marquesa-Lerma y los que se derribaron para la obra del tren ligero, simplemente ¿dónde están?

La desconfianza en las acciones del gobierno están más que justificadas y el rumbo que están tomando las cosas parece apuntar a solo uno de dos posibles desenlaces: o el gobierno se desiste por completo y de manera definitiva tras negociar los intereses que, por el momento, le impiden hacerlo; o se tendrá que usar la fuerza pública para imponer una totalmente impopular medida y cumplir con aquello que obliga a no dar marcha atrás a la obra.

Al parecer, ahora, la estrategia gubernamental es el desgaste, la normalización de la molestia para que en un momento dado se pueda llevar a cabo la acción que, hasta ahora, ha sido frenada por la ciudadanía, primero, y los intereses partidistas después. ¿Habrá madruguete como cuando se retiró a los comerciantes del Mercado Juárez o respeto al deseo de la gente de mantener esos árboles ahí?

Mientras esto se resuelve, no nos distraigamos, hay otros temas igual o más relevantes que los árboles en Toluca: la mujeres encontradas en el Valle de México con partes de sus cuerpos faltantes, es un asunto muy delicado por la forma de violencia que se registra; el incremento en los asaltos a mano armada en la zona del Valle de Toluca no es menor al igual que un aparente aumento en las desapariciones de mujeres adolescentes y menores de edad que vemos cada vez más comúnmente en las redes sociales.

El tema de los árboles de Tollocan es grave pero no dejemos que enmascare una realidad aún más lúgubre y tenebrosa de un estado que hace seis años no estaba en estas condiciones y para el cual no se vislumbra un mejor futuro por ningún lado. 

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