Edomex: circo de tres pistas

El regreso de la exsecretaria de Educación mexiquense, Ana Lilia Herrera Anzaldo, a su puesto en el Senado es solo una concesión a la ahora y de nueva cuenta senadora para terminar el periodo que inició en 2012 y nada más pero significa que no habrá espacio en la nueva administración para quien intentó interponerse en el acuerdo tenido hace seis años atrás en el que se definió la candidatura a gobernador de este 2017 en el tricolor.

Sin importar quién haya intentado impulsar a la senadora, quién le haya pedido renunciar, quién la haya acomodado (equivocadamente a mi parecer) en la secretaría de Educación para, desde ahí, intentar impulsar una posible candidatura a la gubernatura, ni quien la haya mantenido en “stand by” hasta que pasara la elección, lo cierto es que regresa a su escaño y lo hace con el debilitamiento natural que deja la derrota; sin fuerza ni respaldo para operar Herrera Anzaldo debe entender que solo le queda, refugiarse en ese espacio y esperar a que los tiempos y el destino le vuelvan a abrir una puerta más adelante.

A pesar de este movimiento, las huestes delmacistas no pueden cantar victoria aún, si bien frenaron el movimiento político que venía detrás del intento de candidatura de la senadora, ellos entienden que aún no está todo ganado, el virtual futuro gobernador del estado sabe perfectamente que, de inicio, no llega a mandatar sino a trabajar a marchas forzadas para lo que se requiera con miras a la elección del 2018 y eso no solo implica la presidencial sino también las senadurías, diputaciones federales y locales así como las alcaldías, todas ellas en juego para el siguiente año.

Pensar que en este momento el análisis del futuro gabinete solo se centra en los afines al futuro gobernador, en los rencores a la actual administración y en los reacomodods políticos entre priistas derivados, naturalmente, del resultado de la elección es no entender que el juego político mexiquense entró en su etapa más compleja; los secretarios de gobierno para la parte inicial del periodo que encabezará Alfredo del Mazo deben contar con características necesarias y suficientes para atender estas necesidades y no será fácil para ninguno de ellos.

 De entrada, la ansiada revancha de los grupos del centro del estado hacia quienes llegaron a desplazarlos y maltratarlos (tanto a quienes se fueron como a quienes se quedaron) deberá esperar mejor ocasión. La primera encomienda del nuevo gobernador y la gente que llegue con él es, para sí, garantizar la posibilidad de gobernabilidad y eso se logrará solo a través de ganar mayoría en las curules locales y presidencias municipales y lograr posiciones importantes en las elecciones federales; el apoyo a las decisiones sobre la candidatura presidencial debe darse por sobreentendido pues,  conocedor de las formas y tiempos de la política tricolor, sabe que la lealtad se paga con lealtad.

No obstante recibirá una administración que intencionalmente se compicó en el manejo y que, por lo tanto y para dar los resultados que de él se esperan, se verá obligado a abrir espacios para quienes, agradables o desagradables, conocen el manejo de los recursos necesarios para continuar con la operación, ahí es donde se verá obligado a ceder espacios importantes de su gabinete; a parte, deberá pagar algunos favores y acomodar a funcionarios que no le aportan pero que deben estar ahí, mientras que sal final deberá buscar la manera de insertar a su propia gente, la que gobernará el estado con él a partir de finales de 2018 y principios de 2019 que es cuando podrá empezar su mandato.

No, el escenario del Estado de México no es ni será simple ni sencillo, por lo menos en lo que pase de aquí a las elecciones de 2018; sin descuidar las resoluciones d ellos tribunales, la atención del virtual futuro gobernador debe estar puesta en las tres pistas que representan ahora el escenario político mexiquense, tiene que frenar contracorriente para recuperar parte de lo perdido durante este sexenio negro en el que hasta la moral de la militancia más recalcitrante del priismo se vio mermada, recuperar la credibilidad de la gente, ganar legitimidad y actuar rápido para cerrarle el paso al creciente lopezobradorismo en la entidad serán sus prioridades, al menos en los primeros meses de administración.

A pesar de lo complejo que se divisa el horizonte para Del Mazo y compañía, lo cierto es que ahay cierta calma y tranquilidad porque esto es de cada seis años, todo político mexiquense con experiencia sabe que el primero y a veces hasta el segundo año de gobierno son así, depués viene el periodo de donde el gobernador puede mandatar con más o menos complicaciones en función de lo sembrado en esos primeros meses; y aunque hay momentos para todo, como decían los antiguos de la política, aún no son los tiempos.

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