Elección VS encuestas, un año después

En un proceso electoral tan cerrado, como se vislumbraba el del Estado de México, todo momento puede ser determinante para el resultado final; hace casi un año, cuando apenas empezaban a perfilarse los aspirantes a la candidatura existían múltiples posibilidades respecto a la selección final de cada partido y las encuestas arrojaban una tendencia que, sin importar las campañas, se mantuvo hasta el día de la votación.

En julio del año pasado, publiqué en Milenio Estado de México Perfilando la elección de 2017 en donde comentaba que las encuestas revelaban que el votante mexiquense prefería votar por un hombre que por una mujer y más aún, la cifra aumentaba en el caso de las mujeres consultadas; tras los resultados de la jornada del domingo pasado; el electorado mantuvo ese comportamiento dado que Alfredo del Mazo recibió mayor apoyo de las electoras que Delfina Gómez o Josefina Vázquez Mota; aunque el voto de los hombres se fue hacia la candidata de Morena.

Respecto a las preferencias en función del nivel de estudios, también se mantuvo la tendencia sin cambio alguno, siendo el PRI quien recibió más apoyo de los niveles bajos; mientras que Morena atrajo las simpatías (o quizás sea mas preciso decir que capitalizó los odios) de los votantes con mayor grado de escolaridad quienes se repartieron votos entre la oposición pero buscando una especie de “voto útil” hacia la candidata en segundo lugar, es decir, Delfina Gómez.

Como se veía desde el comienzo, quienes realmente definirían la elección serían los indecisos, el segmento de la población que definiría su voto durante las campañas o hasta el momento de la elección. Hace un año, el número de indecisos alcanzaba 32 por ciento de los encuestados, mientras que el día de la elección los votantes que dijeron haber decidido hasta ese momento por quién votarían fue de 19 por ciento, lo que significa que las campañas lograron convencer a menos de la mitad de este segmento, además de que fue Alfredo del Mazo quien terminó por capitalizar a su favor el voto de último minuto con 39 por ciento de las preferencias de este sector contra 24 por ciento que dijo haberse decantado por Delfina Gómez.

El rango de edad también fue un factor que se mantuvo a lo largo de la campaña; Alfredo del Mazo nunca logró atraer el voto del segmento Millenial (18 a 36 años) donde Delfina Gómez lo supero por escaso margen de tres puntos porcentuales, ello a pesar del uso de la estrategia del llamado “Del Mazo Kun” que emulaba personajes de ánime japonés con los que se pretendía acercar al candidato a ese segmento. No obstante, el priista logró atraer la preferencia de los mayores de 37 años, una tendencia muy similar a lo visto con el Brexit o el voto estadounidense en donde los segmentos de mayor edad votaron de manera conservadora y contra el cambio.

De hecho, las campañas de la oposición nunca atacaron o pudieron romper el estigma del miedo al cambio, las encuestas sobre emociones de los votantes indicaban que el principal sentimiento era el temor a un cambio en el poder siendo 54 por ciento de los encuestados quienes manifestaron emociones relacionadas con este sentimiento, situación que prevaleció según los resultados de las encuestas de salida.

Más allá de la ingeniería electoral en donde los números preveían que la oposición perdería en las zonas sur y norte de la entidad, siendo estas las que más votos le dieron al priismo; las encuestas iniciales arrojaron resultados que hoy se confirman: si el PRI hubiese elegido a Ana Lilia Herrera como su candidata, quizás hoy estaríamos hablando de la primer derrota del tricolor en la entidad, o quizás el enfoque se las campañas debió ir en otro sentido.

Los números de hace un año comparados con los del resultado de la elección revelan que el PRI se mantuvo gracias a los votantes que reconocían su militancia tricolor (36 por ciento), su campaña no logró convencer a nadie más pero tampoco les hizo perder el apoyo; Morena fue el fenómeno a considerar, tuvo un crecimiento brutal a costa del “voto de odio al PRI” y del desencanto con la oposición; lo que lo fortalece sin duda para el proceso de 2018.

PRD logró aumentar sus preferencias aunque no lo suficiente como para ser contendiente real a la gubernatura pero parece ganar una estructura sólida que, de mantenerse, podría generar algo interesante para futuros compromisos en tanto que el gran perdedor fue el PAN, que al inicio de la contienda parecía ser el partido a vencer y que fue relegado lejos, muy lejos de lo que sus aspiraciones pretendían, con una militancia dividida y resentida con su dirigencia.

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